Series TV – Top 5 de repente

Un top five me mandan hacer cuanto antes,

que en mi vida me he visto en tal aprieto,

cinco series dicen que es quinteto,

burla burlando voy a dar el cante.

 

5. Episodes

¿Qué haces después de ser el protagonista de una serie histórica de la televisión? Un spin-off de la misma para que te lluevan palos por todas partes. Vale, ¿y luego? Tras el relativo fracaso de Joey y de las incursiones televisivas del resto de sus compañeros de Friends, Matt LeBlanc se lo pensó mucho antes de volver delante de las cámaras. La gente le identificaba demasiado con el eterno aspirante a actor que le dio la fama, así que decidió reaparecer interpretando a una estrella pagada de sí misma, egoísta y manipuladora: Matt LeBlanc.

Pero Episodes no es otra serie de actores que se versionan a sí mismos. Lo que se satiriza es la propia industria televisiva americana, con muy poca piedad y muchísima ironía. El punto de vista lo dan dos guionistas ingleses que se mudan a California para dirigir el remake de su propia serie de éxito. Humor negro, situaciones de vergüenza ajena tan características de la comedia británica y… Matt LeBlanc.


4. Alphas

Para algunos, Héroes fue esa mujer despampanante que te llevas a casa una noche y que al despertar a la mañana siguiente te lleva a tomar la decisión de dejar la bebida para siempre. El caso de Alphas es exactamente el contrario: una serie simpática, atractiva, pero no deslumbrante y que al final te acaba enamorando.

Los mutantes “de andar por casa” del doctor Rosen, interpretado por David Strathairn, acaban revelándose como una versión encubierta de la mítica Patrulla-X. Y una de las mejores que hemos podido ver, además. Aunque tiene una primera temporada con altibajos, esquiva con gracia los peligros argumentales en los que parece estar a punto de caer y te deja con ganas de más, algo que ya es bastante con el panorama actual.

 

Yo pensé que no hallara bastantes

y que no sé dónde me meto,

mas ya me veo a mitad del reto

sin meter serie alguna que me espante.

3. Juego de tronos

Por aclamación, esta es una de las series del año y yo no lo voy a discutir, a pesar de los decorados del Exin Castillos que se asoman de tanto en tanto por la pantalla. La adaptación de la novela de George R.R. Martin recoge perfectamente los trucos efectistas de su prima literaria como los cliffhangers desquiciados y se libra de la carga descriptiva con desparpajo. En consecuencia, la serie es mucho más dinámica que los libros y con un ritmo mucho más agradecido para el espectador.

Para el que no sepa de qué va, es una épica pseudo-medieval con batallas, caballeros, intrigas palaciegas y muchas, muchas tetas. La comparan mucho con El señor de los anillos, pero sería más bien el culebrón que verían Aragorn y compañía en las sobremesas de la Tierra Media.

2. Homeland

Aquí me tiro al monte porque no he acabado de verla. Aún así, me ha parecido una de las propuestas más interesantes de este otoño. Claro que no lo tenía difícil, porque la temporada 2011-2012 ha arrancado flojita, flojita.

En este caso, varios de los responsables de 24 se vuelven a reunir para otra serie de grandes conspiraciones, terroristas, espías y uso indiscriminado de teléfonos móviles. Lo mejor de Homeland es su ambigüedad y el constante juego de espejos que no deja que el espectador pueda acomodarse en ninguna posición, a favor o en contra de cualquiera de los personajes.

En la recta final voy entrando

quizá con un listado maltrecho

pues no hay mucho que me esté gustando.

 

1. Crematorio

¡Giro inesperado de guión! Acabo con una serie española y pillo a todo el mundo desprevenido. Crematorio es el ejemplo de lo que podría hacer la televisión española si la batalla por la audiencia no obligara a poner abuelos y niños en cada producto de ficción para aumentar el público potencial.

Con la novela homónima de Rafael Chirbes como base, se nos presenta un retrato de la corrupción política, empresarial y finalmente personal en una localidad ficticia del levante español. Guiones milimétricos, grandes interpretaciones y una dirección ajustada exactamente a lo que necesita la historia. Todo lo que nos gusta de las grandes series americanas, adaptado a la idiosincrasia española.

Y que una serie sobre la corrupción cuente con el patrocinio de la Generalitat Valenciana es un argumento que de por sí bastaría para alzarla como serie del año. Ha habido estrenos de comedia con menos gracia que eso, este año.

Con esta acabo y aun sospecho

que están ustedes discrepando:

vayan a los comentarios, mi top five está echo.*

 

* He de decir que es un top muy mentiroso, porque no he incluido ni Black Mirror ni Life’s too short, de las que hablamos hace muy poco aquí. Para que luego digan que no lo doy todo por los lectores.

Series TV – Black Mirror, así son las cosas

Deja de leer esto si alguna vez has confiado en mi criterio televisivo. A mí ya me va bien, porque para llegar hasta aquí has clicado y eso cuenta para las estadísticas de la página, así que no tienes que preocuparte por este humilde comentarista. Lo que tienes que hacer es correr hacia donde sea que veas la televisión extranjera y enchufarte la serie Black mirror.

En serio, no quiero que nadie lea nada más, porque a partir del siguiente párrafo empezaré a contar cosas y perderá parte de la magia. Yo solo sabía que en Twitter se estaba hablando mucho de la serie y que Marc Pastor, con él nada me falta, la recomendaba. Suficiente para mí y gracias a eso me quedé tan absolutamente boquiabierto delante del televisor como hacía tiempo que no me quedaba. De modo que solo puedo insistir una vez más que nadie siga leyendo hasta que haya visto también algún capítulo de la serie. Luego puede volver aquí a ponerme verde o a darme las gracias. Aunque lo parezca, no es una estrategia para duplicar el tráfico.

Lo primero es decir que Black mirror no es una serie con continuidad, sino una antología de relatos autoconclusivos que según críticos y creadores tiene mucho en común con The twilight zone. A mí a lo que me recuerda es a los volúmenes recopilatorios de los relatos cortos de Philip K. Dick. Es una ciencia-ficción dura, en el sentido de que no hay adorables extraterrestres enganchados al iPhone. Sin embargo no renuncia al espectáculo y al entretenimiento que dan vuelo a la sátira perseguida.

El primer capítulo, por ejemplo, es un thriller que primero te golpea con su planteamiento y luego te deja clavado a la silla mientras vuelan los minutos. La trama arranca con el secuestro por parte de unos terroristas de la nueva “princesa del pueblo” inglesa. Los secuestradores solo piden a cambio de su libertad que el primer ministro haga algo ciertamente denigrante en televisión. Aquí seguramente lo habrían hecho al revés.

Black Mirror

¿Alguien se acuerda de La caja? Pues no tiene nada que ver.

En el segundo episodio, descubrimos que las centrales eléctricas del futuro están alimentadas por humanos en bicicletas estáticas. Estos generadores casi esclavizados por las acuciantes necesidades energéticas, están alienados por el consumo a través de aparatos electrónicos en todas sus formas. Por si hay alguien despistado: ¡metáfora! La única forma de escapar de este absurdo engranaje es convirtiéndose en famoso a través de la televisión, aunque esa salida también tiene su coste.

Los elementos comúnes en ambos episodios son la tecnología, los medios de comunicación sociales y el camino que abren a la deshumanización. El creador de la serie explicó en el diario The guardian que entiende el comportamiento de algunas personas hacia las nuevas tecnologías como una nueva forma de adicción y que su intención es mostrar los efectos secundarios de estas drogas legales de última generación.

El responsable de Black mirror es Charlie Broker, un auténtico maestro de la sátira. Su producto más conocido puede ser la mezcla de que hizo de Gran Hermano con zombis, valga la redundancia, en la inefable Dead set. No son menos interesantes sus programas para la BBC en los que ha desmontado los sistemas de engaños con los que funcionan los medios de comunicación actuales. Por ejemplo, en Newswipe explicó mucho antes que The inside job de qué iba todo el rollo de las subprimes. En realidad, lo que explicó fue cómo los medios de comunicación nos engañan para escamotearnos información tan fundamental como el terremoto financiero que se nos venía encima. Si me atreviera, diría que es el Jordi Évole de Reading, pero en realidad el Follonero es mucho más periodístico.

Charlie Broker

Charlie Broker con su pareja en el sofá.

Como alguno habrá que no me haya hecho caso y habrá leído esto sin ver la serie, tengo que indicarle también lo bien hecha que está la serie. Tanto en lo que a producción y ambientación se refiere como a dirección e interpretación. Por ahí andan actores y actrices reconocibles como Jessica Brown Findlay, de Downton Abbey e irreconocibles como Rupert Everett haciendo de Risto Mejide.

Pensándolo bien, el que no quiera ir corriendo a ver Black mirror, que no vaya. Si sigue con la tele y el ordenador encendidos, ya le llegará. Veremos si entonces puede escapar.

Series TV – Life’s too short, blancos del humor negro

Las series de Ricky Gervais son como la vida misma: cortas, crueles y con una ironía que algunos no entienden. Y, como la buena vida, no todo el mundo las conoce.

Para hablar de Life’s too short, hay que recordar primero The office y Extras, dos de las mejores comedias de la historia reciente de la televisión. En The office se sentaron las premisas del humor basado en la vergüenza ajena que practican Gervais y su socio, Stephen Merchant. Rodada como un falso documental, presentaba el día a día de un jefe de oficina tan odioso y tan ridículo que acababa por generar una cierta ternura al espectador… antes de que volviera a despreciarlo profundamente. La risa pasaba por una sátira tan descarnada que la serie tiene más en común con Torrente que con la más que digna versión americana protagonizada por Steve Carell.

En Extras, Gervais volvió a encarnar a un tipo detestable y de nuevo con ese punto entrañable que da ser un perdedor. En esta ocasión fue un figurante de cine incapaz de progresar en su sueño de ser actor. La gran baza de esta serie fue la lista de estrellas invitadas que se dejaron ver en cada capítulo interpretando una versión estilizada y bastante ruin de sí mismas. Luego dirán que Salvamé ha aportado algo nuevo a la televisión.

Liam Neeson y Warwick Davis en Life's too shortLiam Neeson se ríe de sí mismo. Más que de cualquier otra cosa.

Su nuevo proyecto para la BBC es Life’s too short, donde retoman la idea del falso documental sobre un tipo mezquino y le dan no una, sino unas cuantas vueltas de tuerca. En esta ocasión hay un tercer creador y protagonista que es ni más ni menos que Warwick Davis, al que muchos recordarán con cariño de Willow, y que aquí interpreta a su yo más mezquino. La mezcla perfecta entre The office y Extras, llevada al extremo del humor políticamente incorrecto.

El formato en sí tiene poco de original, no es nada que no hayamos visto ya en Curb your enthusiasm o incluso en ¿Qué fue de Jorge Sanz? Lo interesante es ver cómo capítulo tras capítulo se ponen a prueba los temas sobre los que se puede o no se puede hacer humor. Eterno debate que hemos visto en cuestiones como los chistes sobre el Holocausto. Para algunos un tema con veto absoluto al humor, como sufrió Nacho Vigalondo por su broma sobre los negacionistas en Twitter. Pero incluso los más intransigentes hacen la vista gorda con cómicos como Woody Allen o Sarah Silverman pueden hacer gracias al respecto y porque son judíos. Quizá lo de autodenominarse “el pueblo elegido” es cuestión de chistes.

El enanismo de Warwick Davis es la coartada para lanzarse a un festival de humor transgresor, grueso por momentos y muy, muy negro. Los guiones revelan la hipocresía de quienes pretenden reírse de cualquier cosa hasta que tocan lo suyo y quizá también avergüenzan al propio espectador que ríe según qué gags. En principio el humor inteligente es eso y no lanzar chistes que solo entiende, con suerte, el propio cómico.

Ricky Gervais y Warwick Davis en el rodaje de Life's too short

Y aquí nos escandalizábamos por los enanos que salían con el alto del Dúo Sacapuntas.

Procuro leer pocas críticas antes de escribir estos comentarios, pero lo poco que he visto apunta a que la mayor pega que se le encuentra a la serie es precisamente su estilo de humor. El mismo que expulsó para siempre a Ricky Gervais de los Globos de Oro hasta que volvieron a contratarle para presentarlos. No parece, por tanto, que sea un reproche que vayan a tener muy en cuenta.

Quien no pueda con los excesos habituales de los guionistas y el protagonista de Life’s too short, que busque al menos los vídeos de las estrellas invitadas de cada episodio. Solo por ver a Johnny Depp respondiendo a las puyas de Gervais en los Globos de Oro o a Liam Neeson queriendo hacerse monologuista a golpe de bromas sobre el SIDA, esta serie merece la pena.

Y si a alguien no tiene en absoluto sentido del humor negro, debería pensar que Michael Jackson empezó así.

Series TV – Haciendo sangre: Dexter

El sadismo inherente a exprimir una naranja. La violencia que oculta el hacer un huevo frito. La rutina del asesinato. Hay series que cuentan y significan más con su careta de entrada que otras con temporadas y temporadas de capítulos a sus espaldas:

Los títulos de arranque de Dexter pasan por ser, según muchos*, unos de los mejores de la historia de la televisión. No solo por su innegable estética, visual y musical, sino también por lo bien que captan la esencia de la serie. Si después de ver esos créditos alguien necesita algo más para verla… bien, me hace un favor, porque ya tengo escrito el resto de la columna.

El argumento está centrado en la vida de Dexter Morgan, un hematólogo forense que trabaja para la policía de Miami. Y que además mata gente. Porque tras la fachada de hermano, novio y trabajador modelo, se esconde en realidad el asesino en serie más exitoso que ha conocido la televisión americana, si no tenemos en cuenta a Jack Bauer. Al igual que pasaba con el protagonista de 24, lo bueno es que Dexter solo mata a los malos y así, claro, se hace querer. Quizá por eso, en la lista de Enterteinment Weekly de los cien personajes más queridos del cine y la televisión, nuestros dos entrañables psicópatas están muy por encima de Don Draper.

Hay dos cosas que diferencian a esta serie de cualquier otra de asesinatos políticamente correctos de las muchas que inundan las parrillas. La primera es que Dexter Morgan es un psicópata, lo sabe y no se justifica de ninguna manera. La segunda es un negrísimo sentido del humor, heredado de la novela en la que se basa la primera temporada, El oscuro pasajero, de Jeff Lindsay.

Dexter en su laboratorioLa sangría hecha arte.

La ironía con la que los creadores de la serie juegan la voz en off y la gestualidad del protagonista son la razón por la que no estamos ante un producto de entretenimiento fascistoide más. La clave de por qué funciona esta historia es que Dexter observa al mundo y a la sociedad con la mirada externa que le da su sociopatía y nos descubre que el más humano de todos acaba siendo quien en principio nos debería parecer el más despreciable. Hay revistas del corazón que viven de eso.

Si habéis visto Dexter doblada, es posible que no tengáis ni idea de lo que estoy hablando. Sí, soy un nazi de la versión original, pero en este caso, me vais a dar la razón. Porque no es lo misma serie esta:

Puedes saltar 30 segundos, que solo quiero que oigas al pelirrojo.

Que esta:

Lo mismo, pero ahora lo digo poniendo una voz que acojona más.

Es como si a Darth Vader lo hubiera doblado la voz de Fry de Futurama.

Las cuatro primeras temporadas son antológicas. No quiero hacer spoilers, pero hasta que uno no ve el último plano del cuarto año, solo cree que ama Dexter. Esos segundos marcan la cota más alta de la historia, su apuesta más fuerte. Hasta el punto que el responsable de la serie vio dónde se había metido y dijo: “huy, cómo echo de menos a mi familia” y se fue. Desde entonces han pasado un par de personas por su puesto, algunos guionistas más han ido abandonando el proyecto y las historias han empezado a tambalearse hasta, según algunos expertos**, tocar fondo en el séptimo capítulo de la temporada que aún se está emitiendo en Estados Unidos.

En su actual sexta temporada, la serie muestra síntomas del conocido síndrome de Perdidos***. En estos casos, el paciente sufre una cierta desorientación ante un exceso de capítulos encargados por las televisiones. Tiene que ver con el síndrome de Stendhal, pero es menos cursi.

Corre peligro de aumentar la gravedad del problema al confirmarse que Showtime, la cadena de pago que la emite en Estados Unidos, ha encargado dos temporadas más. Aunque en sus momentos más flojos Dexter sigue siendo una de las mejores series en emisión, prolongar su sufrimiento y manchar su gran imagen a estas alturas sería una pena.

Mucho mejor una muerte rápida. Sin hacer más sangre.

 

* Yo.

** Yo también.

*** Patología descubierta por el conocido crítico de televisión Anómalo (yo).  

Series TV – Una de ciencia-ficción: El ala oeste

Se recomienda leer el siguiente artículo en un dispositivo móvil, caminando por los pasillos de tu domicilio o lugar de trabajo e intercalando comentarios agudos e ingeniosos a mitad de cada párrafo con más de dos líneas. Si eres capaz de hacerlo, enhorabuena: eres un personaje creado por Aaron Sorkin. Si no, recomendamos un visionado intensivo de su serie estrella: El ala oeste de la Casa Blanca.

Para los legos en política americana, incluida gran parte de la familia Bush, el título quizá no sea una gran pista sobre el argumento. Basta decir que en el ala oeste de la famosa mansión es donde se encuentra el famosísimo despacho oval y las oficinas de los colaboradores más cercanos del Presidente de Estados Unidos. Siempre me pregunto cómo una cadena fue capaz de leer algo más cuando les llegó el dossier de presentación de la serie.

Sin embargo, es raro el listado de las mejores series de la historia de la televisión que no sitúe El ala oeste entre las cinco mejores. Pocos formatos audiovisuales son capaces de convertir en algo trepidante el proceso de aprobación de un miembro del tribunal supremo o que el “monstruo de la semana” sea la votación de una ley sobre política familiar. Quizá Intereconomía, pero tienen peores diálogos.

Los diálogos son la firma de Aaron Sorkin. Hace poco se parodió a sí mismo en 30Rock caminando con Tina Fey por un pasillo en un plano sin cortes durante el que cruzaban un diálogo vertiginoso cargado de inteligencia y humor. Eso es lo que hacen todos los personajes de El ala oeste, desde el presidente Bartlet hasta algún becario episódico. Poniendo en movimiento escenas que podrían haber sido estáticas y pesadas como un ladrillo y aligerándolas con frases brillantes.

“¿Qué hacéis quietos? Moveos por ahí, mientras hablamos”

Sabiendo que el origen de la serie está en los descartes del guión de El presidente y miss Wade, la anterior película de Sorkin, quizá extrañe menos si digo que uno de los puntos fuertes de la serie es el humor. Si en una sala se está decidiendo la invasión de un país que ampara terroristas o si se financiará la investigación del cáncer, en la habitación contigua uno de los asesores es convencido de que Fort Knox podría ocultar restos alienígenas o el presidente puede estar diciéndole a su jefe de gabinete en una cena de trabajo que “ya no hablamos como antes”.

El siempre infalible truco de la boca dormida después del dentista.

Todos los actores que pasan por la serie, y hay rostros muy reconocibles aquí y allá, están soberbios y logran hacer creíbles los superhombres y supermujeres nacidos del teclado de Sorkin. El reparto iba a estar encabezado por Rob Lowe, que interpreta al ayudante del director de comunicación de la Casa Blanca. Sin embargo, un personaje secundario empezó a ganar terreno y a comerse escenas de una manera inesperada. Así, Martin Sheen dejó de ser un secundario de lujo para convertirse en el centro de atención como el presidente Josiah Jed Bartlet. Su interpretación resultó tan convincente que a punto estuvo de valerle una nominación… para la presidencia de Estados Unidos. Efectivamente hubo sectores del Partido Demócrata que quisieron enfrentarlo a George W. Bush en la campaña de reelección de éste. Lo que hubieran sido las cumbres del G20 con su hijo Charlie por los pasillos…

La mayor debilidad de El ala oeste es, seguramente, su mayor fortaleza: el idealismo. En una entrevista, Sorkin declaró que Bartlet encarnaba lo que a él le gustaría que fuera el presidente de Estados Unidos. Y lo demuestra enfrentándole a conflictos muy similares a los vividos por presidentes contemporáneos como Clinton o Bush hijo.

El presidente ficticio, y me refiero al de la serie, siempre mantiene sus ideales por encima de cálculos electorales y antepone el bienestar de las personas al suyo propio. Aunque dramáticamente funciona, ese es el centro de las recriminaciones de los críticos hacia El ala oeste. Por algún motivo, nos creemos que un Bruce Willis pueda sacrificarse luchando por lo correcto a balazo limpio, pero nos chirría que un político haga lo mismo desde la comodidad de un despacho.

La serie terminó en 2006. Supongo que si se hiciera hoy, El ala oeste sería directamente una serie para el canal SyFy.

Así se las gasta Bartlet

Series TV – Hell On Wheels: The Walking Cowboys

Una serie que traza el retrato de un periodo épico en la configuración del país, estrenando la libertad, cuando todo estaba por definir y la gente se duchaba poco. Dicho así podría estar hablando de Cuéntame, pero los más avispados lectores habrán notado por el título del post que la cosa va de   vaqueros de los que no tienen pata de elefante.

La semana pasada se estrenó en yankilandia la última producción de la cadena AMC: Hell on wheels. Es importante mencionar la cadena porque ésta es de pago, lo que significa que la sangre puede brotar a borbotones, el sexo no tiene porqué ocultarse demasiado y, en una ambientación de la posguerra civil americana, los blancos pueden llamar a los negros “nigger”. Solo esto último en la televisión en abierto provocaría mucho más revuelo que una entrevista de La Noria.

El título de la serie alude a la ciudad móvil que acompaña a los trabajadores de la Union Pacific durante la construcción del ferrocarril que uniría la costa este de Estados Unidos con la coste oeste, hace ya un par de siglos. Hay indios defendiendo su territorio, esclavos liberados, prostitutas, predicadores, tipos sin escrúpulos y el inevitable héroe atormentado. Esto es un western moderno, crepuscular, no se vayan a creer que en cualquier momento va a aparecer John Wayne en technicolor, cegando a los apaches con su dentadura impoluta.

Los americanos, que son muy listos para vender sus batallitas, han puesto de protagonista a un ex soldado del derrotado sur (lo que en las clases de Historia, con mayúsculas, vendría a ser el bando de los malos). Pero él es bueno y lo único que busca es la justa venganza de unos veteranos del norte que no se portaron con el honor que se supone a los defensores de la bandera de las barras y estrellas. Además, el actor que lo interpreta, y que se llama Anson Mount, es igualico que el Viggo Mortensen guarro de El señor de los anillos. Héroe atormentado, lo que yo les decía.

De esto que te convences de que no es Aragorn…

El gran acierto de Hell on wheels es, claro, la temática. En un periodo de incertidumbre, nada conviene más para encararla con entereza que volver a los mitos fundacionales de la sociedad. Que tú te estás quejando de no sé qué de la seguridad social y te ponen a un tipo que solía ser esclavo recibiendo una paliza por ir a por agua cuando no debía y te lo piensas. Que sí, que ahora hay crisis, pero mira a los Alcántara, que no tienen ni ADSL y tienen que ver todo el rato a Jose María Íñigo en la tele.

Todo lo anterior y que, como saben muy bien los programadores de las autonómicas, a los yayos todavía les pirran las de vaqueros. El día que el western pase realmente de moda, en España se habrá rodado la última película sobre la Guerra Civil. La nuestra, la que según nuestra cinematografía tenía tantos soldados parecidos a Resines.

En el lado negativo, el capítulo piloto flojea a la hora de hacer atractivos a los personajes. El recurso del pasado oscuro está bien para tipos muy carismáticos. Cuando no, solo sirve para desdibujarlos y que no generen empatía en el espectador.

… y de repente te enchufan a Bilbo.

También es patente en Hell on wheels lo que podríamos llamar “el toque AMC”, que últimamente parece traducirse por: “Algo Menos Costará”. Hay algo en la atmósfera de la serie que recuerda a  The walking dead, en principio por la fotografía, pero en seguida se concreta también en cierta sensación de baratillo. De chromas poco cuidados y de exceso de interiores en una serie que debería respirar al aire libre durante casi todo su metraje.

No había presupuesto para caballos para todos: The walking cowboys.

De momento, Hell on wheels interesará a los fans del género. Pero al igual que en la época retratada, aún está todo por definir, sobre todo algunos secundarios apenas apuntados en el piloto, y la serie puede aún ganar varios enteros. Yo de momento estoy intentando convencer a la HBO de hacer más temporadas de Deadwood, a ver si alcanzan a Cuéntame.

HBO Voyeur – La Serie de TV Definitiva

Voyeur es un proyecto de serie que vio luz en 2007 de la mano de HBO y que aún no se ha estrenado por múltiples razones. Independientemente del hecho de que se vaya a estrenar o no, en The Luxury Journal estamos FASCINADOS (así, en mayúsculas y negrita) con lo que hasta el momento sabemos de HBO Voyeur. Voyeur es para nosotros la serie definitiva, metaficción en estado puro y llevado hasta el extremo. ¡Hitchcock estaría orgulloso!

Antes de seguir elaborando sobre Voyeur, os dejo el vídeo presentación para que os hagáis a la idea de lo hablamos:

El concepto

voyeur.

1. com. Persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas.

Antes ya mencionamos a Hitchcock, y en especial a Rear Window (1954) como referente indiscutible de Voyeur. Rear Window lleva la metaficción a un nivel hasta ese momento jamás logrado. Múltiples realidades dentro de la realidad del protanista. Pero, ¿qué es la metaficción?

La metaficción es una forma de literatura o de narrativa autorreferencial que trata los temas del arte y los mecanismos de la ficción en sí mismos.

El cine, como manifestación artística multidisciplinar por excelencia, ha sido especialmente proclive a construir ficción sobre sí mismo ya desde los albores de su reciente creación, en 1895. 

El metacine es “cine dentro del cine”, es decir, una serie de discursos cinematográficos autorreferenciales y habladores sobre sí mismos a través de la descripción de sus propios procesos constructivos. Es ese cine capaz de reflexionar sobre los procesos cinematográficos, los medios expresivos y su evolución enunciadora, a partir de múltiples herramientas discursivas y/o argumentales que le hacen volverse sobre sí mismo y llegar a transformar esa reflexión en centro temático, propiciando las actitudes autorreferenciales. - Según la Wikipedia.

Recomendamos hacer click en la siguiente imagen de Rear Window:

rear-window

Mira lo que hace la gente cuando nadie cree que les están observando.

Voyeur trata de las historias paralelas de 5 edificios de Nueva York

  • West 41st Street, “The Artist”

  • East 85th Street, “The Housewife”

  • Prince Street, “The Meditator”

  • West 72nd Street, “The Mortician”

  • Broome & Ludlow con 8 historias individuales:

Apartment 1A, “The Tempted”
Apartment 1B, “The Departure”
Apartment 2A, “The Discovery”
Apartment 2B, “The Proposal”
Apartment 3A, “The Killer Within”
Apartment 3B, “The Grown-Up Table”
Apartment 4A, “The Delivery”
Apartment 4B, “The Temptress”

El foco principal de la serie parece ser el edificio Broome & Ludlow y sus 8 sub-historias con asesinatos, engaños, violencia, romances, bodas, etc… todas relacionadas, de alguna manera u otra entre sí.

Desarrollo

El proyecto fue desarrollado por la agencia de publicidad BBDO del grupo Omnicom para HBO. Mientras BBDO era la encargada de la escenografía, rodaje, post-producción y efectos especiales, Search Party se encargaba de la música, trepidante, que acompaña a la serie, y Big Spaceship de la promoción y creación de la página web y PHD. La sección principal del edificio así como “The Watcher” (El observador) fueron dirigidos por Jake Scott, y las otras 4 historias interactivas fueron dirigidas por Chris Nelson.

El proyecto incluye: La página principal, HBO On Demand (A la carta) y contenido exclusivo para HBO Mobile, páginas de MySpace para los protagonistas de las historias, webs de apoyo, y multitud de contenido adicional. El proyecto se estima que tiene un coste de entre 7 y 10 millones de dólares y se tardó un año entero en prepararlo.

Voyeur se llegó a promocionar en el Festival de Cannes del 2008, así como en algunas ciudades americanas mediante la proyección, a escala real, de la serie en medianeras de edificios que mantuviesen la proporción de la grabación. Os dejamos un ejemplo de ello:

Conclusión

Lo que hace fascinante y complejo Voyeur es la multiplicidad de historias que la conforman. El hecho de que el espectador sólo sea capaz de escuchar lo que está ocurriendo en una de las 8 viviendas hace que cada espectador elija su propia ficción. Mediante el uso del control remoto podremos seleccionar qué canal de audio queremos escuchar, de tal manera que somos nosotros quienes hacemos nuestra propia serie según nos parezca más o menos interesante.

Voyeur es sin duda una idea fascinante que, de materializarse podría revolucionar la industria. Mezcla de 13 Rue del Percebe, Rear Window y aquellos maravillosos libros de nuestra infancia en donde saltábamos de capítulo en capítulo para crear nuestra propia historia. Las críticas a la serie son bastante dispares, desde gente como nosotros que la idolatra hasta gente que opina que es demasiado ambiciosa. Pero, ¿qué tiene de malo ser ambicioso?

En The Luxury Journal estaremos atentos a los progresos de HBO Voyeur y os mantendremos informados de cualquier noticia al respeto.  Voyeur ha hecho que inauguremos una sección en nuestra barra lateral llamada Obsesiones, en donde recogeremos todo material que nos parezca digno de mención y que nos esté volviendo locos por lo bello, lo bien hecho o lo fascinante que sea.

La web oficial de Voyeur fue retirada por HBO recientemente, pero por suerte alguien tuvo la brillante idea de hacer una copia y colgarla para que podamos seguir disfrutando de esta maravilla del 7º arte. Os recomendamos muchísimo explorar la página web al detalle.

http://archive.bigspaceship.com/hbovoyeur/