Series TV – Haciendo sangre: Dexter

El sadismo inherente a exprimir una naranja. La violencia que oculta el hacer un huevo frito. La rutina del asesinato. Hay series que cuentan y significan más con su careta de entrada que otras con temporadas y temporadas de capítulos a sus espaldas:

Los títulos de arranque de Dexter pasan por ser, según muchos*, unos de los mejores de la historia de la televisión. No solo por su innegable estética, visual y musical, sino también por lo bien que captan la esencia de la serie. Si después de ver esos créditos alguien necesita algo más para verla… bien, me hace un favor, porque ya tengo escrito el resto de la columna.

El argumento está centrado en la vida de Dexter Morgan, un hematólogo forense que trabaja para la policía de Miami. Y que además mata gente. Porque tras la fachada de hermano, novio y trabajador modelo, se esconde en realidad el asesino en serie más exitoso que ha conocido la televisión americana, si no tenemos en cuenta a Jack Bauer. Al igual que pasaba con el protagonista de 24, lo bueno es que Dexter solo mata a los malos y así, claro, se hace querer. Quizá por eso, en la lista de Enterteinment Weekly de los cien personajes más queridos del cine y la televisión, nuestros dos entrañables psicópatas están muy por encima de Don Draper.

Hay dos cosas que diferencian a esta serie de cualquier otra de asesinatos políticamente correctos de las muchas que inundan las parrillas. La primera es que Dexter Morgan es un psicópata, lo sabe y no se justifica de ninguna manera. La segunda es un negrísimo sentido del humor, heredado de la novela en la que se basa la primera temporada, El oscuro pasajero, de Jeff Lindsay.

Dexter en su laboratorioLa sangría hecha arte.

La ironía con la que los creadores de la serie juegan la voz en off y la gestualidad del protagonista son la razón por la que no estamos ante un producto de entretenimiento fascistoide más. La clave de por qué funciona esta historia es que Dexter observa al mundo y a la sociedad con la mirada externa que le da su sociopatía y nos descubre que el más humano de todos acaba siendo quien en principio nos debería parecer el más despreciable. Hay revistas del corazón que viven de eso.

Si habéis visto Dexter doblada, es posible que no tengáis ni idea de lo que estoy hablando. Sí, soy un nazi de la versión original, pero en este caso, me vais a dar la razón. Porque no es lo misma serie esta:

Puedes saltar 30 segundos, que solo quiero que oigas al pelirrojo.

Que esta:

Lo mismo, pero ahora lo digo poniendo una voz que acojona más.

Es como si a Darth Vader lo hubiera doblado la voz de Fry de Futurama.

Las cuatro primeras temporadas son antológicas. No quiero hacer spoilers, pero hasta que uno no ve el último plano del cuarto año, solo cree que ama Dexter. Esos segundos marcan la cota más alta de la historia, su apuesta más fuerte. Hasta el punto que el responsable de la serie vio dónde se había metido y dijo: “huy, cómo echo de menos a mi familia” y se fue. Desde entonces han pasado un par de personas por su puesto, algunos guionistas más han ido abandonando el proyecto y las historias han empezado a tambalearse hasta, según algunos expertos**, tocar fondo en el séptimo capítulo de la temporada que aún se está emitiendo en Estados Unidos.

En su actual sexta temporada, la serie muestra síntomas del conocido síndrome de Perdidos***. En estos casos, el paciente sufre una cierta desorientación ante un exceso de capítulos encargados por las televisiones. Tiene que ver con el síndrome de Stendhal, pero es menos cursi.

Corre peligro de aumentar la gravedad del problema al confirmarse que Showtime, la cadena de pago que la emite en Estados Unidos, ha encargado dos temporadas más. Aunque en sus momentos más flojos Dexter sigue siendo una de las mejores series en emisión, prolongar su sufrimiento y manchar su gran imagen a estas alturas sería una pena.

Mucho mejor una muerte rápida. Sin hacer más sangre.

 

* Yo.

** Yo también.

*** Patología descubierta por el conocido crítico de televisión Anómalo (yo).