Desde siempre, el cine y la moda han estado estrechamente ligados, pero estos dos siameses han entablado un relación cada vez más directa con el arte.
Muchos reniegan de la moda como una forma de arte, otros lo defienden a capa y espada, y es que poco a poco tomamos conciencia de que no están para nada lejos el uno del otro. Nos lo demuestran fascinantes exposiciones como “Dior y el arte´´ en el Pushkin de Moscú o la actual exposición de Gaultier en la fundación Mapfre.
Esta misma iniciativa es la que ha nacido en el Victoria&Albert museum de Londres, que acoge Hollywood Costume una dosis de la moda en los clásicos del cine de todos los tiempos. Las obras que estaban detrás de grandes películas como “Desayuno con diamantes´´.
Todas las emociones que causaron en sus respectivos mundos se juntan en un único lugar para crear una perfecta melodía entre el cine, la moda y el arte. Desde horror hasta un frágil suspiro toman forma en esta gran obra.
Cómo 100 piezas se convirtieron en icónicas gracias al cine, y poco a poco lo harán gracias al arte.
Si hay alguien que encabeza el ranking, ese es James Bond, el Agente 007, quien rinde cuentas al servicio de inteligencia británico, el agente más seductor de todos los tiempos. Siempre rodeado de bellas mujeres, es como se muestra en estas instantáneas sacadas de algunos fragmentos de sus películas.
Empezaremos por una de las primeras mujeres representativas de este ranking de bellas damas… suiza de nacionalidad, su nombre es Ursula Andress encargada de poner el listón muy alto, fué un sex simbol de los años 60, segunda chica Bond. De hecho, fué protagonista por su belleza, en la primera película exitosa de la saga 007 “Doctor No”. La magnífica escena saliendo de la playa con un bikini muy particular y atrevido para la época convirtió a una joven Ursula Andress en un icono de la belleza, y a Sean Connery, en el hombre más envidiado del momento.
El Agente 007 fué protagonizado por diferentes actores dignos del papel de seductor, a lo largo de este pequeño recorrido femenino, iremos desvelando sus identidades.
Casi 40 años después, otro Agente 007, el actor Pierce Brosnan, nos vuelve a cautivar con otra belleza femenina, la actriz norteamericana Halle Berry, en “Muere otro día”, protagonizando una escena similar, saliedo de la playa, hasta con un bikini muy parecido al de Ursula Andress.
En cualquiera de los casos dos chicas Bond para la historia.
Ursula Andress
Halle Berry
Cabe destacar otros agentes 007 con muy buen gusto también, los cuales no dejaron indiferente la belleza femenina en todas sus películas.
Licencia para matar (1989) – Timothy Dalton
Carey Lowell
El hombre de la pistola de oro (1974) – Roger Moore
Maud Adams y Britt Ekland
Goldeneye (1995) – Daniel Craig
Berenice Marlohe
Más mujeres con personalidad…
Nunca digas nunca jamás (1983) – Barbara Carrera
Panorama para matar (1985) – Grace Jones
Destacadas modelos y actrices caen rendidas en los brazos de nuestro Agente 007…
Sólo para sus ojos (1981) – Carole Bouquet
Licencia para matar (1989) – Talisa Soto
El mundo nunca es suficiente (1999) – Denise Richards
Operación Trueno (1965) – Luciana Paluzzi
Película galardonada con un Oscar en 1966, escrita por el británico Ian Fleming y dirigida por Terece Young.
Podríamos mencionar otras tantas mujeres que acompañaron a nuestro invitado de honor, pero os dejamos con una imagen muy representativa que nos describe su pasión por el género femenino…
La principal inspiración para Christian Dior a la hora de saber qué quería hacer en el futuro fue el cine. Es por eso que colaboró desde siempre en muchas producciones vistiendo a las estrellas más famosas como Marlene Dietrich, Marilyn Monroe, Sophia Loren, Gina Lollobrigida hasta las divas más actuales como Charlize Theron, Natalie Portman o Marion Cotillard.
Todo esto se recopila en un libro de 240 páginas editado por Rizzoli, el que será acompañado de una exhibición en el Museo Christian Dior en Granville que abrirá el 12 de mayo hasta 23 de septiembre 2012.
Gina Lollobrigida, 1963 / Marion Cotillard, 2008 (John Galliano para Dior)
Olivia Havilland ,1954
Marilyn Monroe ,1962 / Marlene Dietrich en la película de Hitchcock “Le Grand Alibi”
En 2008, un grupo de emprendedores se lanzaba a la red para producir Iron Sky, una película con capital 100% crowd funding. El primer teaser de ese proyecto dejó boquiabierto a más de uno, incluido un servidor. La idea y guión (a grosomodo) era claro, fácil de entender y directo: Los nazis abandonan la tierra después de la guerra y se ocultan en la cara oculta de la Luna. En 2018 vuelven en son de paz.
¡Toma ya!
Tras ese primer teaser no nos quedaba más remedio que esperar, esperar y esperar. Podíamos seguir los pasos y progresos de la producción gracias a la información que se iba publicando en www.ironsky.net. Un nuevo teaser veía la luz en 2010 para quitar cualquier duda que uno pudiese tener sobre el argumento de la película. En 2010 la gente de Blind Spot Pictures hicieron de Iron Sky una de mis obsesiones.
Este teaser me parece una auténtica maravilla en todos sus sentidos y recoge la esencia de lo que un buen teaser debería ser y transmitir. Si alguno de vosotros tras visualizarlo no ha sentido ganas de ver la película es que algo está haciendo mal, seriously. Darle al play otra vez, que sé que tenéis ganas de hacerlo.
En 2011 salía el tercer y último teaser, más cortito que los anteriores pero no por ello menos intenso o prometedor. Con el slogan “We come in peace” por bandera, se empiezan a ver escenas bastante interesantes de lo que la película va a ser.
Del reparto, dirección, etc… no os voy a hablar, ya que para ello tenemos a Anómalo, que viene a ser como 100.000 veces más entendido que yo en la materia.
Finalmente, y tras 4 años intensos de grabación, edición y post-producción, se anuncia que Iron Sky verá la luz en la gran pantalla el 4 de Abril de 2012. El trailer oficial de la película fue visionado por primera vez en la Berlinale (How convinient!) el pasado 11 de Febrero.
He de decir que el trailer oficial me ha decepcionado un poco. No sé si es por el hecho de que se ve demasiada “película” o por que tras ver los 3 teasers me esperaba algo en la misma linea. Pero sea como sea, yo el 4 de Abril voy al cine a ver una de nazis.
La mitología del cine avanza montada a lomos de un caballo. Así como la mitología teatral nació entre las nubes que rodean el monte Olimpo, el cine como ahora lo conocemos surgió al calor de tres grandes géneros: el musical, el de gangsters y, nos guste o no, el western. Al menos eso dice Martín Scorsese en el documental A personal walk through american movies. Podrán discutir lo de los musicales y los mafiosos, pero viendo cómo están TDT y autonómicas por la tarde, la influencia de las películas de vaqueros es innegable.
Sabiendo que son mitología del propio cine es como podemos comprender que las leyendas sobre la fundación de Estados Unidos hayan causado y causen tanta fascinación en los espectadores de todo el mundo. También por eso, no es absurdo que un director español como Mateo Gil pueda saltar de la Semana Santa sevillana al Butch Cassidy de Blackthorn. Sin destino, sin pasar por la casilla de salida.
De entre los héroes del western, Gil rescata al mítico compañero de Sundance Kid para revelar que ninguno de los dos murió al final de la película de George Roy Hill con Robert Redford y Paul Newman. Tras huir del ejército boliviano, el Cassidy de la película es un señor mayor que cría caballos en el altiplano y que quiere volver a Estados Unidos antes de morir. La película se complica cuando se cruza con el personaje de Eduardo Noriega, que se empeña en ser actor. Me refiero a Noriega; el conflicto de su personaje es que ha robado una mina.
Entre las favoritas a los premios Goya de este año, Blackthorn tiene muchas cosas buenas y unas cuantas malas. Y como me pasa igual que el guionista, que no tenía ganas de pensar una estructura, haré los comentarios siguiendo la lista de categorías en las que es candidata y en las que no.
Mejor dirección de fotografía. Las postales de espacios naturales bonitos suelen ser el ticket de entrada para esta categoría. Los impresionantes paisajes de Bolivia y la belleza con la que están retratados son uno de los puntos a favor de la película.
Imágenes llenas de significado. Esta, por ejemplo, quiere decir: “he visto La diligencia“.
Mejor diseño de vesturario, mejor maquillaje y/o peluquería, mejor dirección artística y mejor dirección de producción. En una película de época, muy mal lo tienes que hacer para no entrar en estas candidaturas. De todas formas, hay que reconocer que la ambientación es creíble y nadie parece recién salido de los chinos para una fiesta de disfraces.
Mejor sonido y música original. Solo por hacer que se entiendan los diálogos de Noriega y de un americano farfullando español de vez en cuando, en mitad del desierto, hay que reconocer el mérito del equipo de sonido. La música también juega con el género sin parecer una parodia y llevo varios días sin quitarme de la cabeza la cancioncilla folk que canta el protagonista. Les odio por ello, pero les concedo el mérito.
Mejor montaje. Se lo han montado muy bien para hacer una película así en la industria española, claro que sí.
Mejor guión original. Original sí es, porque no hay quien lo entienda. Ni estructura, ni justificación para casi ninguna decisión de los personajes, giros de guión patilleros… Y sin embargo, quizá por la propia mística del género, no se lleva mal. Entretiene, aunque también es perfecto para la hora de la siesta. Porque aunque te duermas un rato no estarás más desorientado al despertar que quien la haya seguido todo el rato.
Mejor actor. Ni Sam Shepard ni Eduardo Noriega aspiran a estatuilla. La dura competencia de este año, lo endeble del guión y que no tendrá muchos amigos en la Academia explican la ausencia del americano. Lo que no se explica es lo de Noriega: ni el papel le va, ni es capaz de defenderlo con el carisma necesario.
Imagen tomada con cámara oculta en un descanso del rodaje.
Mejor dirección. Algo bueno ha tenido que hacer Mateo Gil para que de los mimbres más bien endebles con los que contaba salga una película más o menos sólida y que se deja ver. Sortea los obstáculos con cierta elegancia y demuestra que el cine de oficio es lo que hace falta en España. Todos los años lo demuestra alguien, pero seguimos sin tenerlo claro.
Mejor película. Salir airosos del riesgo de enfrentarse a un western sin espaguetis ya es mérito suficiente. No es una obra maestra y no pasará a la historia, pero tampoco lo pretende. A pesar de todo, transmite amor por el cine y gusto por un género al que volveremos una y otra vez como regresamos a casa a ver a nuestras familias.
Y hasta de la comida de Navidad sacamos algo bueno siempre, ¿no?
Hay dos sitios de los que nadie ha logrado escapar jamás. Uno es la cárcel de Alcatraz y el otro es el interior de una manta una tarde de invierno en la que hay una buena película en el televisor. Aunque es posible que haya excepciones.
Como hace Antena 3 cada semana, hoy propongo una sesión de peli y manta basada en hechos reales: La fuga de Alcatraz. Por una vez, el título no engaña: bajo la dirección de Don Siegel, Clint Eastwood interpreta a un recluso del mítico penal que traza un arriesgado plan de fuga para él y otros compañeros.
Con una trama tan sencilla, la película se puede centrar en construir otras cosas, sobre todo el ambiente de la cárcel. Por supuesto, la recreación de Alcatraz es perfecta. Ayuda que gran parte del metraje se rodara en escenarios naturales.Por otra parte, la necesidad de una buena ambientación no es solo artística, también viene de que la isla y su complejo constituyen un parque nacional en Estados Unidos. Igual que aquí quien más quien menos conoce Segovia por las excursiones de la parroquia, los americanos tienen una idea muy clara de cómo era la prisión.
Carod Rovira mira a Clint hacer pesas durante una excursión en pleno rodaje.
Los decorados no son lo más importante, en cualquier caso. Lo interesante es como el propio ritmo del relato nos introduce en el día a día de los presos y nos pone de su parte. Por ejemplo, los puntos de giro tardan mucho en aparecer. Los puntos de giro son esos acontecimientos que hacen que la historia tome un nuevo rumbo: resulta que la chica estaba casada, la muerte de unos tíos que hacen que el héroe se pueda ir de viaje interestelar con un señor mayor que va en albornoz… esas cosas.
En este caso, la preparación del plan de fuga aparece casi a mitad de la película y no es casual. Los espectadores estamos esperando que se ponga en marcha, que empiecen a ocurrir cosas, pero al fin y al cabo se trata del retrato de la vida en una prisión y el tiempo pasa a un ritmo diferente. Esa morosidad nos pone definitivamente en la piel de los presos que, según la intención del alcaide, solo pueden dedicarse a dejar pasar el tiempo.
Esto no significa que no pase nada hasta entonces. La primera parte de la película va sembrando todos los elementos que después formarán parte tanto de la huída como de los obstáculos para alcanzarla. También nos muestra la rutina de los internos y la deshumanización a la que están sometidos. Si la audiencia tenía dudas de ponerse de parte del personaje de Clint Eastwood, se le pasan después de verle en la celda de castigo y de ser testigos de las arbitrariedades del alcaide. Los funcionarios públicos solo llegan a tal nivel de villanía en las cárceles cinematográficas y en los discursos de Esperanza Aguirre.
Una vez puesto en marcha, el plan de fuga nos sorprende a los espectadores modernos por su ingenio. Hoy en día, que todo se soluciona con el amigo hacker del protagonista y un par de buenas explosiones, somos testigos de unas estratagemas que pondrían verde de envidia al mismísimo MacGyver. Y lo mejor es que saber que está basado en hechos reales, que realmente alguien se enfrentó así al sistema.
Clint valora si es mejor fugarse o darle un mascao al alcaide.
Además de como drama carcelario, la película funciona como cinta de suspense y se nota la mano firme de Don Siegel como director. Que sepamos o intuyamos lo que va a pasar en el conjunto de la película, no impide que saltemos en el sofá cada vez que un guardia está a punto de destapar el plan de los protagonistas.
Pero por encima de cualquier otro elemento de la película está Clint Eastwood. Quizá no sea el mejor actor de la historia, pero es capaz de decir mucho más con un leve temblor de la comisura de la boca que algunos histriones oscarizados con interpretaciones que más bien parecen lecciones de capoeira.
El carisma del bueno de Clint da personalidad hasta el personaje más plano y engancha al espectador desde el primer plano en la prisión. Puedes cambiar de idea durante el trayecto en barco desde el muelle de San Francisco, pero si llegas a Alcatraz con él, estás atrapado.
“Es un error capital el teorizar antes de poseer datos. Insensiblemente uno comienza a deformar los hechos para hacerlos encajar en las teorías, en lugar de encajar las teorías en los hechos”. Así explica Sherlock Holmes la base de su método de trabajo en Escándalo en Bohemia. También el sistema creativo de Guy Ritchie si solo cambiamos “datos” o “hechos” por “personajes” y “teorías” por “historias”.
Da igual que hablemos de Sherlock Holmes o Sherlock Holmes: Juego de sombras porque lo que sí es innegable es la coherencia entre ambas películas. En ambos casos, todo gira en torno a la idea de una historia de aventuras ambientada en el Londres de finales del siglo XIX, con mucha acción física, persecuciones, peleas, disparos, explosiones y cámaras lentas. Muchísimas cámaras lentas. En resumen, lo que pretende Guy Ritchie es hacer una película de Guy Ritchie en la época victoriana.
Tengamos esto en mente para entender que la referencia a Sherlock Holmes es tan casual como innecesaria. Con un par de ajustes mínimos de guión, el protagonista podría haber sido el doctor Jeckyll, Phileas Fogg o, mucho más acertadamente, Allan Quatermain. De hecho, el aventurero que vemos en la pantalla tiene más que ver con el explorador de Las minas del rey Salomón que con el detective de Baker Street.
Robert Downey Jr. pensando que no se acordaba de haber firmado para hacer la precuela de El club de la lucha.
Para ser más exactos, la relación más cercana sería con la versión que interpretó Sean Connery en La liga de los caballeros extraordinarios. Las dos entregas de Sherlock Holmes podrían cruzarse en cualquier momento con la fallida adaptación al cine del tebeo de Alan Moore. Ambas juegan a la recreación del Londres victoriano con toques de steampunk y ambas se pasan su referentes literarios por el mismísimo Mr. Hyde para hacer un producto más leve para el gran público.
La diferencia es que al menos las películas con nombre de detective sí que resultan entretenidas y dan dos buenas horas de desconexión mental. Además del estilo de videoclip del director, anima la función la presencia de Robert Downey Jr. en su papel de genio despistado y bon vivant que otras veces se llama Iron Man. Porque es muy buen actor cuando tiene un director capaz de controlarle, pero cuando se le va de las manos la vena histriónica hace el mismo personaje una y otra vez. Muy divertido, eso sí. Tanto que a Hollywood le compensaría darle una franquicia propia: Robert Downey Jr., superhéroe tecnológico, Robert Downey Jr. en el Londres victoriano, Robert Downey Jr. y el arca perdida , Robert Downey Jr. y la piedra filosofal. Y así.
El problema de tener una estrella con tanta gravedad es que arrolla con su presencia a todos los demás. Jude Law está resultón, pero no tiene un personaje tan pulido por la repetición como el de su compañero de reparto ni las películas le dan margen para lucirse con algo más que un par de puñetazos. Lo mismo puede decirse del resto de estereotipados secundarios, desde el paródico Lestrade a la pizpireta Irene Adler encarnada por Rachel McAdams. Sí, “pizpireta”, con eso lo digo todo.
Robert Downey Jr. enseña el sobre en el que le llegó el guión.
El guión, sin ser demasiado ambicioso, hace aguas por todas partes. Pero aguas estancadas, porque ningún personaje evoluciona realmente en ningún momento. También hay escenas que directamente sobran, entre ellas varias en las que Mycroft Holmes solo aguanta el tipo porque lleva la cara, y lo que no es la cara, del gran Stephen Fry.
Vuelvo a recurrir a la sabiduría del Holmes de papel, que justificaba sus teorías más peregrinas diciendo: “cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, es la verdad”. Y una vez eliminado de la mente del espectador algo tan imposible como que esté viendo al Sherlock Holmes de Conan Doyle o que guiones tan absurdos hayan pasado los cortes de producción, lo que queda, por improbable que parezca, son unas películas si no divertidas, al menos muy entretenidas.
Y eso, mis queridos amigos, es algo tan raro como elemental.
Vamos a robar. Mejor dicho: vais a robar. Yo me limitaré a conduciros al lugar adecuado y a sacaros de allí en cuanto el trabajo esté hecho.
Tranquilos, no es que me haya casado con nadie de la realeza. Lo que vamos o vais a robar en esta ocasión son las opiniones de otros expertos. A estas alturas sigo sin tener claro si Drive es una obra maestra o una cáscara vacía muy bien envuelta en música y colorinchis. Por eso he estado dando una vueltecilla por otros blogs y foros, a ver si conseguía concretar esta sensación extraña que me ha dejado. Algo que en una película es un punto a favor, no como en un kebab.
El protagonista es un conductor del que no llegamos a saber el nombre. Trabaja de día como especialista de cine y mecánico y de noche se ofrece como chófer mercenario especialista en huidas de robos y atracos. Su vida se complica cuando se enamora de una vecina, casada con un presidiario que tiene ciertas cuentas pendientes con la mafia y él decide ayudarles. Tranquilos, que ahí es donde empiezan los tiros y los golpes.
La vecina es Carey Mulligan, que es como Judi Dench con piernas.
Al primero al que vais a “tomar prestada” la opinión es a Nacho Vigalondo, que lleva meses haciendo hype de la película en su Twitter. Os conduzco hasta su cuenta y vosotros cogéis lo que queráis. Al grito de “¡es una peli de tiros y hostias que lo petó en Cannes!”, Vigalondo se maravilla ante la minuciosa planificación que nos sumerge casi exclusivamente en el punto de vista subjetivo del protagonista. No hay tomas casuales y la dirección y montaje se combinan no solo para crear segundos niveles de lectura casi en cada secuencia, sino que construyen algunas de las mejores persecuciones de coches de los últimos años. Eso sí, parece ser que la que presenta la película es casi un mero cambio de punto de vista respecto a otra de The Driver, de Walter Hill.
Si en algo coinciden todos los comentarios que podemos leer por la Red es en la cantidad y claridad de referentes de Drive. Según Vigalondo: “en Toronto el director explicó que la intención era hacer una película de John Hugues en la que a partir de la mitad el héroe matase a todo el mundo”. Esto lo escribió en el Focoforo, nuestra segunda parada. Allí podéis recolectar otras muchas referencias comoLe samoraï de Melville, el cine de Peckimpah, Soderbergh y hasta un divertido triple salto mortal hasta Pagafantas. También podéis leer como se ríen de los que la comparan con Taxi Driver o ponen de muso a Tarantino.
El Focoforo es un terreno peligroso para los incautos, así que salid rápido. Antes de irnos del barrio, aún tenemos que parar en Bloguionistas para sacarle algo a Guillermo Zapata. Otro entusiasta de la película que tiene la defensa para el guión, acusado por algunos de simple. La historia es lineal, sin duda, pero encierra una gran fuerza precisamente en la sencillez que conlleva la gran coherencia interna del argumento y los personajes: “Si un tren cargado de tensión y violencia sale del punto a y un tren cargado de mala leche y horror sale del punto b…” La duda no
es si se va a liar o no la de Dios, sino cuando. El trabajo del guión es dosificar ese cuando no sorprender”.
Sabes que esos guantes tienen que acabar estampados en la cara o los riñones de alguien. Lo sabes.
Estamos acostumbrados a guiones de televisión escritos para ser seguidos mientras planchamos o fregamos el suelo. Drive nos pide toda la atención porque el retrato de los personajes está en los pequeños gestos y en lo que callan. Algo así como lo que está haciendo el Gobierno.
La última parada la haremos en el blog de Escrito por en TCM. Allí podréis coger esta perla: “me da la impresión de que la película es como de Sofia Coppola o Isabel Coixet, pero en “tío”. Es decir: mismo look, música del estilo, recreaciones en planos silenciosos, realización altamente estética, personajes contenidos llenos de emociones que no dejan aflorar, pero… añado violencia, coches, mafia y tíos duros”.
Podéis escoger entre que sea una de Coppola-Coixet para tíos o que sea una peli de acción para tías. Porque Ryan Gosling es un poderoso reclamo entre el sector femenino que recuerda entre suspiros El diario de Noah. El elemento masculino de las parejas puede jugar la carta “¡también hizo El joven Hércules!” si la situación se vuelve insostenible.
Con todo, hay que decir que Gosling está muy bien y que controla a su personaje al milímetro. No es el único: Bryan Cranston, Carey Mulligan y Albert Brooks completan un reparto con el que se puede sacar una películaza hasta de un guión de Alfonso del Real.
Con esto hemos llegado. Podéis bajaros aquí, cerquita de los comentarios y darme alguna opinión más que termine de aclararme como pago por el viaje. Aunque yo casi prefiero jamón.
En las películas de espías hace frío. Desconfío de las historias de agentes secretos que ocurren en las costas del Caribe casi tanto como de los agentes secretos que van por ahí diciendo su nombre cada vez que piden un cóctel.
En conclusión, como plan de peli y manta no hay mejor opción que una historia de espías. Algunas lo llevan en el título, como El espía que surgió del frío. Después de ver El topo, la sensación es que podría haberse titulado El espía que surgió del frío y no cerró al entrar. De hecho, el personaje que protagoniza El topo es el famoso agente Smiley creado por John Le Carré, que también se deja ver como secundario en la película de Martin Ritt.
La labor de Smiley en la historia que nos ocupa es la de descubrir a un espía que supuestamente se ha introducido hasta lo más profundo de la inteligencia británica en plena Guerra Fría. Me refiero a un informador infiltrado entre los jefes los servicios secretos, no a que alguien haya violado a Stephen Hawking. Obviamente, el camino que hay que recorrer para desvelar la identidad del topo del título está lleno de trampas y engaños y gente que muere y todas esas cosas propias del género.
Gary Oldman está tan contenido que en este plano podría estar pisándole un pie Falete y el mantendría la cara de póker.
El reparto es motivo más que suficiente para comprar la entrada. De hecho es el mejor argumento, antes de entrar y después de ver su trabajo. A la cabeza está Gary Oldman, más contenido que en toda su carrera, sin derrochar ni un solo gesto. Le secundan nombres como los de John Hurt, Colin Firth o Benedict Cumberbatch, el genial Sherlock Holmes de la última adaptación de la BBC. Actores que no están más deslumbrantes que en el resto de sus trabajos, y tampoco les hace falta.
El ambiente gélido que reina es responsabilidad del director Tomas Alfredson y seguramente de haber rodado en invierno. Con el mismo frío que nos metió en los huesos en la impactante Déjame entrar, el sueco nos muestra aquí un Londres que no es el de las postales, sino el del mundo desprovisto de sentimientos en el que se mueven los protagonistas del relato y los paparazzi que persiguen a la Familia Real.
Porque no solo es frío el paisaje retratado, sino sobre todo las personas que se mueven por él. En ese sentido podemos decir que no es una película para todo el mundo porque no hace ningún tipo de concesión. Aunque pueda haber alguna relación de pareja haciendo esporádicas apariciones por la pantalla, no hay la clásica subtrama amorosa para llegar a la fibra del espectador por la vía rápida. De hecho, parece que los sentimientos solo brotan para que alguien sepa dónde están y pueda extirparlos. Como thriller, el elemento más terrorífico con el que cuenta es la absoluta sangre fría con la que se desenvuelven sus protagonistas.
La peripecia de espionaje tampoco es sencilla, está llena de piezas a encajar. La trama es muy honesta porque no tiene trucos ni giros inesperados saliendo de la nada. Pero tampoco se la ve venir, no hay nada evidente y exige constante atención al espectador. Juega con el suspense en los momentos precisos y muestra en todo momento lo que tiene que mostrar para que dentro y fuera de la pantalla estemos al mismo nivel.
Todo eso entra en un pen drive.
Siguiendo con la alabanza a la baja temperatura, hay algo grandioso en ambientar las historias de espías en la Guerra Fría. No es solo que fuera el periodo de mayor esplendor de la profesión, al menos en el terreno de la ficción. Lo mejor es que no hay ordenadores. Un señor golpeando aleatoriamente las teclas de un portátil y bajándose secretos nucleares del eMule nunca será comparable a la tensión de ver a alguien robar una carpeta de papel quebradizo en un portafolios.
En las películas de espías, los bolis solo sirven para escribir.