Series – Homeland, entre fachas anda el juego
Posted on January 7, 2012 by Anomalo
En el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Esta frase, cuyo origen debe localizarse en un famoso garito de Chinatown regentado por un veterano de guerra con un solo ojo, resume perfectamente los rankings de series de la temporada otoño-invierno que acabamos de cerrar. Y explica porqué Homeland está en casi todos las listas de estrenos del año.
La premisa es de las que engancha: un marine secuestrado por Al Qaeda vuelve a Estados Unidos donde una agente de la CIA sospecha que es un traidor y que los terroristas han permitido la operación de rescate para infiltrarle en Washington. Bien es verdad que el punto de partida no es original de la serie de Showtime, sino del original israelí que adapta, Hatufim o Prisoners of war.
El primer gancho se mantiene con un punto de vista va saltando, de modo que tenemos piezas sueltas del gran puzzle de la trama, sin poder decir con total seguridad quién es el héroe y quién el villano. En el ambiente flota la sensación de que no están engañando todo el rato y que las apariencias nos engañan una y otra vez. En ese sentido es una serie bastante tramposa, pero del mismo modo que hace trampas un prestidigitador con sus juegos de cartas. Sabemos que el engaño está ahí, pero esa es precisamente la gracia del número.
El de la derecha es Iñigo Montoya. Para que vean que las apariencias engañan.
El tono frío en la narración le debe mucho a la experiencia televisiva de sus responsables para la televisión americana: Alex Gansa y Howard Gordon, dos veteranos de 24 y Expediente X. También está metido Chip Johannessen, ex compañero de los otros dos y showrunner de Dexter en su quinta temporada. No cito el currículum para demostrar lo rápido que miro las cosas en imdb, sino para dejar clara una cosa: es una serie muy facha.
Si pensamos en Jack Bauer, Fox Mulder, Dexter Morgan y Carrie Mathison, más allá de los distintos niveles de testoterona y habilidad para burlar la ley, todos tienen algo en común. Los cuatro son los típicos rebeldes con el sistema que en el fondo solo se enfrentan a él para preservar su visión idílica del mismo. Y nada ni nadie que quiera conservar sus constantes vitales debe interponerse en su camino, ya sean enemigos, jefes o líderes débiles e incapaces de mantener un status quo como Diso manda. ¿Cómo van a pararse a pensar en derechos civiles si tienen una misión que cumplir?
Los héroes y heroínas de estas series en la vida real serían carne de homenaje en Intereconomía. Por eso, si nos paramos a pensar seriamente en sus tramas, hay que reconocer que las vemos como placer culpable o que nos conocemos a nosotros mismos menos de lo que pensábamos. A otro nivel, atraen por sus planteamientos, muy maniqueos, en los que los buenos son muy buenos y los malos, muy malos. No son posibles los términos medios ni las críticas a los métodos de los protagonistas, porque son los buenos y por tanto no pueden equivocarse. Si Jack tortura a alguien, es porque se lo merece, aunque al principio pueda parecer que no.
El acierto de Homeland es que no tenemos esa certeza de que Carrie esté en lo cierto pisoteando los derechos del sargento Brody y familia. Pero estamos tan acostumbrados al esquema que queremos creer que no se equivoca y que al final será reconocido su valor. ¿O es el sargento Brody el que merecerá el homenaje final a pesar de todas las sombras que proyecta?
Claire Danes, haciendo de Mercedes Milá con Damien Lewis.
Otro punto divertido en las historias de estos paladines incomprendidos es que todos sufren de algún tipo de desorden mental, desde la paranoia de Mulder a la sociopatía de Dexter. Carrie Mathison no escapa a las taras, lo que permite que Claire Danes se luzca en su interpretación. Sin menospreciar a sus compañeros de reparto, hay episodios en los que ella sola se los come a todos enteritos.
Me estoy extendiendo demasiado y pierdo la fuerza moral para criticar la duración de los capítulos: excesiva. Las escenas se alargan con planos de miradas perdidas o cigarrillos consumiéndose como si algún director anduviera con sobredosis de nouvelle vague. El efecto se nota impostado, como si alguien estuviera sujetando las bridas de un caballo que quisiera desbocarse. Como una carrera en bicicleta bajo el agua. Como este párrafo lleno de comparaciones pedantes e inacabables.
Como esta columna que se acaba aquí.

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