Cine-BLACKTHORN

Cine – Blackthorn, vaqueros sin hacer el indio

Posted on February 12, 2012 by Anomalo

La mitología del cine avanza montada a lomos de un caballo. Así como la mitología teatral nació entre las nubes que rodean el monte Olimpo, el cine como ahora lo conocemos surgió al calor de tres grandes géneros: el musical, el de gangsters y, nos guste o no, el western. Al menos eso dice Martín Scorsese en el documental A personal walk through american movies. Podrán discutir lo de los musicales y los mafiosos, pero viendo cómo están TDT y autonómicas por la tarde, la influencia de las películas de vaqueros es innegable.

Sabiendo que son mitología del propio cine es como podemos comprender que las leyendas sobre la fundación de Estados Unidos hayan causado y causen tanta fascinación en los espectadores de todo el mundo. También por eso, no es absurdo que un director español como Mateo Gil pueda saltar de la Semana Santa sevillana al Butch Cassidy de Blackthorn. Sin destino, sin pasar por la casilla de salida.

De entre los héroes del western, Gil rescata al mítico compañero de Sundance Kid para revelar que ninguno de los dos murió al final de la película de George Roy Hill con Robert Redford y Paul Newman. Tras huir del ejército boliviano, el Cassidy de la película es un señor mayor que cría caballos en el altiplano y que quiere volver a Estados Unidos antes de morir. La película se complica cuando se cruza con el personaje de Eduardo Noriega, que se empeña en ser actor. Me refiero a Noriega; el conflicto de su personaje es que ha robado una mina.

Entre las favoritas a los premios Goya de este año, Blackthorn tiene muchas cosas buenas y unas cuantas malas. Y como me pasa igual que el guionista, que no tenía ganas de pensar una estructura, haré los comentarios siguiendo la lista de categorías en las que es candidata y en las que no.

Mejor dirección de fotografía. Las postales de espacios naturales bonitos suelen ser el ticket de entrada para esta categoría. Los impresionantes paisajes de Bolivia y la belleza con la que están retratados son uno de los puntos a favor de la película.

Cabalgada en Blackthorn

Imágenes llenas de significado. Esta, por ejemplo, quiere decir: “he  visto La diligencia.

Mejor diseño de vesturario, mejor maquillaje y/o peluquería, mejor dirección artística y mejor dirección de producción. En una película de época, muy mal lo tienes que hacer para no entrar en estas candidaturas. De todas formas, hay que reconocer que la ambientación es creíble y nadie parece recién salido de los chinos para una fiesta de disfraces.

Mejor sonido y música original. Solo por hacer que se entiendan los diálogos de Noriega y de un americano farfullando español de vez en cuando, en mitad del desierto, hay que reconocer el mérito del equipo de sonido. La música también juega con el género sin parecer una parodia y llevo varios días sin quitarme de la cabeza la cancioncilla folk que canta el protagonista. Les odio por ello, pero les concedo el mérito.

Mejor montaje. Se lo han montado muy bien para hacer una película así en la industria española, claro que sí.

Mejor guión original. Original sí es, porque no hay quien lo entienda. Ni estructura, ni justificación para casi ninguna decisión de los personajes, giros de guión patilleros… Y sin embargo, quizá por la propia mística del género, no se lleva mal. Entretiene, aunque también es perfecto para la hora de la siesta. Porque aunque te duermas un rato no estarás más desorientado al despertar que quien la haya seguido todo el rato.

Mejor actor. Ni Sam Shepard ni Eduardo Noriega aspiran a estatuilla. La dura competencia de este año, lo endeble del guión y que no tendrá muchos amigos en la Academia explican la ausencia del americano. Lo que no se explica es lo de Noriega: ni el papel le va, ni es capaz de defenderlo con el carisma necesario.

Sam Shepard apunta con un revólver a Eduardo Noriega en una escena de Blackthorn

 Imagen tomada con cámara oculta en un descanso del rodaje.

Mejor dirección. Algo bueno ha tenido que hacer Mateo Gil para que de los mimbres más bien endebles con los que contaba salga una película más o menos sólida y que se deja ver. Sortea los obstáculos con cierta elegancia y demuestra que el cine de oficio es lo que hace falta en España. Todos los años lo demuestra alguien, pero seguimos sin tenerlo claro.

Mejor película. Salir airosos del riesgo de enfrentarse a un western sin espaguetis ya es mérito suficiente. No es una obra maestra y no pasará a la historia, pero tampoco lo pretende. A pesar de todo, transmite amor por el cine y gusto por un género al que volveremos una y otra vez como regresamos a casa a ver a nuestras familias.

Y hasta de la comida de Navidad sacamos algo bueno siempre, ¿no?

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