Cine – Atrapado en el tiempo, otra vez la marmota
Posted on February 5, 2012 by Anomalo
En las listas de las mejores películas de todos los tiempos, los críticos de cine suelen repetir una y otra vez títulos como Ciudadano Kane o El acorazado Potemkin. Obras maestras, sin duda, que merecen el revisionado constante desde el más riguroso academicismo. Pero si nos dijeran que solo vamos a poder ver la misma película, repetida, cada día de nuestra vida, la primera que nos vendría a la mente es Atrapado en el tiempo.
Cuando algo se repite con demasiada frecuencia hablamos del día de la marmota, ese es el impacto popular que ha tenido la película encabezada por Bill Murray. En ella seguimos la historia de un hombre del tiempo snob y pagado de sí mismo que es enviado a cubrir, precisamente, el día de la marmota en la ciudad de Punxsutawney, una tradición popular americana que dice que si el dos de febrero el bicho ve su propia sombra, el invierno durará seis semanas más. Ríete tú del pulpo Paul. En realidad, lo que dura más de lo previsto es el día en sí, ya que cada mañana el protagonista vuelve a despertar en ese dos de febrero que se repite sin cesar.

Se dice que le mordió dos veces, aunque puede ser que en realidad mordiera a dos marmotas diferentes.
Estrenada en 1993, está en nuestro recuerdo como una de esas películas ochenteras que recordamos con tanto cariño. A la presencia de Bill Murray delante de las cámaras se suma detrás de ellas la de Harold Ramis, uno de sus compañeros en Cazafantasmas. Ramis también es el guionista de las dos entregas y de otras sagas clásicas como Los incorregibles albóndigas, o Una terapia peligrosa, también dirigidas por él.
Más allá de los nombres, o quizá gracias a ellos, flota sobre todo el espíritu de la comedia familiar mezclada con algún elemento sobrenatural que pasa porque sí. Esa inocencia o cara dura de las tramas fantásticas que ocurrían sin buscarles complicadas justificaciones pseudocientíficas o pararreligiosas: de todos es sabido que en los 80 las mascotas no podían mojarse ni comer después de medianoche, que la adolescencia despertaba a los hombres lobo y que los condensadores de fluzo fluzeaban. Eso era así y punto.
Sin dejar de ser una película pequeña y con pocas pretensiones, la relevancia de Atrapado en el tiempo ha sido tremenda. En el ámbito cinematográfico se ha colado silenciosamente en posiciones muy elevadas de muchos los rankings de las películas más importantes de todos los tiempos. La Junta Nacional de Conservación de Cine de Estados Unidos la ha elegido para ser conservada en la Biblioteca del Congreso. Seguramente no pase lo mismo con El árbol de la vida*.

Bill Murray, con cara de acabar de ver una película de Terrence Malick.
También es divertido seguir las discusiones filosóficas y religiosas en torno al bucle temporal del meteorólogo Phil. A los budistas les parece una perfecta metáfora del ciclo de la reencarnación, los católicos creen que el purgatorio puede entenderse como Punxsutawney y los judíos dicen las malas lenguas que son dueños de la mitad de Hollywood, así que les parece todo muy bien. Al que le parezca exagerado, debe sabar que entre las múltiples influencias del guión se encuentra un ensayo de Nietzsche, el único autor al que se le ha hecho más corta y pega con el nombre que con lo que escribe.
La magia de esta película está en el consenso positivo y el buen sabor que deja a todos los que la han visto alguna vez. Porque en las listas de las mejores películas de todos los tiempos, los críticos de cine suelen repetir una y otra vez títulos como Ciudadano Kane o El acorazado Potemkin. Obras maestras, sin duda, que merecen el revisionado constante desde el más riguroso academicismo. Pero si nos dijeran que solo vamos a poder ver la misma película, repetida, cada día de nuestra vida, la primera que nos vendría a la mente es Atrapado en el tiempo.
*Hostia gratuita, lo sé.
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